Leyendas de Salamanca: la calle de la Rúa Mayor

Es ésta una de las calles más bonitas de Salamanca; tiene al fondo la torre de las campanas, y hasta finales del siglo XIX era una calle irregular, lo que provocaba que estuviera sucia y se acumulara el mal olor. No desembocaba en la Plaza de Anaya, sino que se topaba con una tapia de una casa señorial, lo que obligaba a desviarse por la Rúa Antigua. En final de la calle, por lo tanto, había entonces una tapia, y allí  se encontraba la propiedad de la protagonista de esta historia.

Mientras el Ayuntamiento planeaba modificar el trazado de la calle, para llegar al que tiene actualmente, se decidió que sería necesario expropiar algunos terrenos a los comerciantes y familias que vivían allí. Y entre estos estaba la casa de esta señora.

La mayoría de los propietarios afectados por la expropiación aceptaron a cambio de una importante suma de dinero excepto ella, que optó por demandar al Ayuntamiento, ya que el consistorio solo pretendía pagarle por una parte de sus terrenos, y no la totalidad de éstos. A partir de este momento, al pararse las obras de las mejoras de la ciudad, los salmantinos empiezan a llamarla “la tapia”.

El Ayuntamiento por su parte argumentaba que, con la mejora de la calle, las casas se iban a revalorizar, por lo que no consideraban necesario realizar el pago completo del terreno, sino de la parte expropiada.

Sin embargo, la obra estaba paralizada por la demanda interpuesta contra el Ayuntamiento para defender sus propiedades. A partir de ese momento, la señora comienza a estar el centro del debate público: unos entendían que tiene derecho a defender su propiedad privada, y otros porque consideraban que debía prevalecer el interés general de la ciudad. Ante la belicosa actitud de la mujer, el Ayuntamiento optó por dejar que pasaran los meses sin ejercer la expropiación. Este hecho provocó la indignación de algunos vecinos menos adinerados, que habían visto como a ellos sí les expropiaban. Y habría que añadirle un punto más al asunto, que sería el machismo imperante en la época.

Después de pasar unos meses, una delegación del Ayuntamiento se dirigió a la casa para tratar de resolver el problema. Pero lo que ellos no se esperaban es que ella les esperaba en el interior con un abogado. La delegación quedó realmente sorprendida, ya que llegaron a decir “Esta indicación nos ha impresionado desagradablemente. Íbamos buscando un corazón y nos encontramos una cabeza. Pretendíamos herir en nombre de los intereses generales de la población la fibra del sentimiento de una señora y tropezábamos con la roca de un corazón de abogado”, en el sentido de que lo que trataban era ablandar a la mujer para que cediera y se pudiera finalizar la construcción de la calle.

Al final todo el tramite duró 2 años más, pero antes de que terminara el alcalde llamó a una cuadrilla de obreros que derribaron la tapia. La prensa después de esto trató al alcalde como héroe

2020-02-11T19:16:16+00:00